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Hoy se cumple el tercer aniversario de la
vomitiva infamia cometida y mantenida cobardemente por el párroco
de la Iglesia de Santa María de Caná en Pozuelo de
Alarcón, Jesús Higueras Esteban, contra su tío,
autor y director de las obras de la iglesia robada junto
a su propiedad intelectual, para crear el OTRO MILAGRO DE CANÁ
en el que "el santísimo cura" compite con
Nuestra Señora haciendo milagros, y con su tío expulsado
haciendo una iglesia que nunca acaba, para convertirla en interminable
filón de oro digno de un "párroco estrella"
único protagonista de:
"una obra excepcional fuera de modos y modas
actuales, una arquitectura eterna y emocionante".
" has construido en Pozuelo la iglesia
más bella de Madrid del siglo XX". (Pronto dejará
de serlo en manos de la ignorancia si no atajamos a tiempo).
(De cartas de fechas 21-1-2000 y 26-1-2000 a Fernando
Higueras, de José Luis Picardo. Académico de Bellas
Artes de San Fernando y Premio Camuñas de Arquitectura 2.000).
"Todos los arquitectos sabemos que la iglesia
que está llevando a cabo el arquitecto Higueras será
la mejor iglesia que se ha realizado en las últimas décadas.
No puede cometerse esta barbaridad D. Jesús".
(Carta de fecha 7-7-1999 al párroco, de
Adolfo Morán. Profesor de la E.T.S.A.M.)
Otras razones que dan feligreses y vecinos de la
hoy llamada "Catedral de Pozuelo" es que el autor, al
acabar el conjunto totalmente en menos tiempo y dinero que el ya
despilfarrado por el párroco, habría ido en contra
de sus intereses y rapiñas de todo tipo. Él es, además,
entre todos los párrocos, el máximo recaudador que
tiene el Arzobispado (por lo que fue destinado al pueblo más
rico de la Comunidad de Madrid). También es el máximo
creador actual de "milagros" al conseguir curarse del
cáncer que se inventó en su "corazón"
y posteriormente el que llama por escrito "EL OTRO MILAGRO
DE CANÁ" (ABC del 5-1-2001). En él escribe también
haberse gastado los 576 millones que sirvieron sólo para
poner los cimientos del "milagro", diciendo además
que una iglesia siempre está en construcción, para
proseguir "eternamente" su expolio a los donantes.
En la última carta recibida de un defensor
de la iglesia, compañero y viejo amigo de la Obra y otra
de un feligrés, ya contestadas, me proponen que acabe mi
trabajo PERO: consiguiendo también yo el dinero para derribar,
restaurar y reconstruir lo destruido por el párroco, que
utilizó nuestras donaciones para regalos millonarios a sus
amigos solteros, entre otros despilfarros ajenos a nuestro templo.
No está mal la solución pues se sigue
inocentando al culpable de los males, provocados por su infamia,
que la vuelve más rentable todavía al tratar de aparentar
culpabilidades en el arquitecto. Así seguiría aumentando
la rapiña del continuo destructor de nuestra obra. Quedaría
así obligado el >>
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