FERNANDO HIGUERAS DIAZ Estudio: Maestro Lasalle, 36 (28016-MADRID)
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Arquitecto

CARTA ABIERTA


Eminentísimo y Revenidísimo
Monseñor ANTONIO MARIA ROUCO VARELA
Cardenal Arzobispo de Madrid
C/. Bailén, 8
28071-MADRID
Madrid, 17 de Enero de 2.000

Eminencia:

La actitud con amenazas de muerte y de todo tipo de los enviados por mi sobrino, Antonio Cabrera y Juan José Nordiz, es parecida a la de los "nobles" que resolvieron las deudas contraidas por Su Majestad Felipe IV tras su cuarta boda en Navalcarnero, quemando en la hoguera a sus tres banqueros acreedores en la Plaza Mayor de Madrid, acusándolos de judaizantes. Con esta "justicia", además, todo el dinero de los ajusticiados pasó a las arcas reales y de la iglesia.

A través de estos dos incondicionales, y siempre sólo de palabra, me acusaron de "haber robado de acuerdo con el constructor" y que "pensaban encarcelarme por ladrón". Dos "mujeres" que escuchaban sus voces gritaron, al oír esto, que lo que tenían que hacer era "quemarme en la hoguera".

Como verá Su Eminencia, al parecer, no cambiaron tanto los tiempos, pero debemos reaccionar mejor ante los mismos errores, para que no se repitan los injustos hechos que provocaron estas miserables injusticias.

A la vista de lo ocurrido a los banqueros de Su Majestad Felipe IV y de que de momento sigo vivo, debo dar gracias a Dios por lo todavía no sucedido a mi persona, aunque por ahora mi sobrino haya sido la persona que más daño nos hizo material y profesionalmente y de la forma más ruin que recuerdo en mis muchos años de profesión.

No tengo vocación de mártir, pero no cejaré en mi lucha por la justicia para evitar la destrucción de mi querida obra, sacrificada por la inculta venganza del párroco que antepone a los intereses de la obra y de los feligreses que la pagan. Paga mal calumniándome ante ellos para justificar sus errores.

Jesús Higueras Esteban ha cometido unas acciones mentirosas, cobardes, miserables, falsas, calumniadoras, ruines, vengativas, inmorales,

deshonestas, hipócritas, de robo de propiedad intelectual al final de la obra mediante una acción disfrazada de "heroica santidad" por un "santísimo párroco" que imitando a Guzmán El Bueno no duda a sacrificar a su pariente a favor del (mal común) "bien común" de la obra y feligreses.

La verdad, que se aclara y demuestra con documentos, es que antepuso su venganza envidiosa y deseo de protagonismo a todo lo demás.

Después de robarme la obra, la destrozó, encareció extraordinariamente y retrasó más de tres meses y no por falta de medios, como dijo en la prensa; pues el constructor le adelantó todo lo necesario y más, hasta la terminación de esta fase. "¿Párroco con afán de protagonismo asistido por dóciles asesores?. ¿Consentimiento superior insensible a lo que sucede?. (De cartas al director de Madrid Oeste del 31-12-99 al 6-1-00, del arquitecto Fernando Iniesta Cabrero).

Eminencia: actuaciones como la de mi sobrino, cuando salen a la luz, son las que más daño hicieron, hacen y harán a la Santa Madre Iglesia, sobre todo, cuando quedan inmunes y a la vista de todos; pues pueden generar reacciones populares que lamentablemente se han repetido ya en la Historia.

Le adjunto últimos costes obtenidos de los Sres. Mulas y Hernández Tapias, ambos de la Junta Parroquial, a través del arquitecto mediador Fernando Iniesta, que no coinciden en absoluto con lo dicho por el párroco en su homilía de Julio, ya que en vez de pasarme en más de 100 millones lo hice en menos de la mitad, aproximadamente, de los 299.782.070 pesetas para los 4.145 m2 que estableció el párroco con el constructor exclusivamente durante mi actuación de más de dos años y, en cambio, mi sustituta gastó, al parecer, 138 millones más en los 32 días que dedicó a destruir, encarecer y retrasar el económico, sencillo y bello final de mi proyecto. Al ser despedido con la iglesia casi terminada el costo por m2 era de 350.000.000 Ptas. : 4.145 m2 = 84.000 Ptas. aproximadamente.

Deseando que, cuanto antes, Su Eminencia, con la ayuda de Nuestra Señora de Caná, vea la injusticia cometida en la construcción de Su Casa que sólo yo sigo y seguiré defendiendo, queda, como siempre, a disposición de Su Eminencia Ilustrísima y Reverendísima, el paciente arquitecto de Pozuelo.