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Eminencia:
La actitud con amenazas
de muerte y de todo tipo de los enviados por mi sobrino, Antonio
Cabrera y Juan José Nordiz, es parecida a la de los "nobles"
que resolvieron las deudas contraidas por Su Majestad Felipe
IV tras su cuarta boda en Navalcarnero, quemando en la hoguera a
sus tres banqueros acreedores en la Plaza Mayor de Madrid, acusándolos
de judaizantes. Con esta "justicia", además, todo el dinero
de los ajusticiados pasó a las arcas reales y de la iglesia.
A través de estos
dos incondicionales, y siempre sólo de palabra, me acusaron
de "haber robado de acuerdo con el constructor" y que "pensaban
encarcelarme por ladrón". Dos "mujeres" que escuchaban sus
voces gritaron, al oír esto, que lo que tenían que
hacer era "quemarme en la hoguera".
Como verá Su
Eminencia, al parecer, no cambiaron tanto los tiempos, pero debemos
reaccionar mejor ante los mismos errores, para que no se repitan
los injustos hechos que provocaron estas miserables injusticias.
A la vista de lo ocurrido
a los banqueros de Su Majestad Felipe IV y de que de momento sigo
vivo, debo dar gracias a Dios por lo todavía no sucedido
a mi persona, aunque por ahora mi sobrino haya sido la persona que
más daño nos hizo material y profesionalmente y de
la forma más ruin que recuerdo en mis muchos años
de profesión.
No tengo vocación
de mártir, pero no cejaré en mi lucha por la justicia
para evitar la destrucción de mi querida obra, sacrificada
por la inculta venganza del párroco que antepone a los intereses
de la obra y de los feligreses que la pagan. Paga mal calumniándome
ante ellos para justificar sus errores.
Jesús Higueras
Esteban ha cometido unas acciones mentirosas, cobardes, miserables,
falsas, calumniadoras, ruines, vengativas, inmorales,
deshonestas, hipócritas,
de robo de propiedad intelectual al final de la obra mediante una
acción disfrazada de "heroica santidad" por un "santísimo
párroco" que imitando a Guzmán El Bueno no duda a
sacrificar a su pariente a favor del (mal común)
"bien común" de la obra y feligreses.
La verdad, que se aclara
y demuestra con documentos, es que antepuso su venganza envidiosa
y deseo de protagonismo a todo lo demás.
Después de robarme
la obra, la destrozó, encareció extraordinariamente
y retrasó más de tres meses y no por falta de medios,
como dijo en la prensa; pues el constructor le adelantó todo
lo necesario y más, hasta la terminación de esta fase.
"¿Párroco con afán de protagonismo asistido por
dóciles asesores?. ¿Consentimiento superior insensible a
lo que sucede?. (De cartas al director de Madrid Oeste del 31-12-99
al 6-1-00, del arquitecto Fernando Iniesta Cabrero).
Eminencia: actuaciones
como la de mi sobrino, cuando salen a la luz, son las que más
daño hicieron, hacen y harán a la Santa Madre Iglesia,
sobre todo, cuando quedan inmunes y a la vista de todos; pues pueden
generar reacciones populares que lamentablemente se han repetido
ya en la Historia.
Le adjunto últimos
costes obtenidos de los Sres. Mulas y Hernández Tapias, ambos
de la Junta Parroquial, a través del arquitecto mediador
Fernando Iniesta, que no coinciden en absoluto con lo dicho por
el párroco en su homilía de Julio, ya que en vez de
pasarme en más de 100 millones lo hice en menos de la mitad,
aproximadamente, de los 299.782.070 pesetas para los 4.145 m2 que
estableció el párroco con el constructor exclusivamente
durante mi actuación de más de dos años y,
en cambio, mi sustituta gastó, al parecer, 138 millones más
en los 32 días que dedicó a destruir, encarecer y
retrasar el económico, sencillo y bello final de mi proyecto.
Al ser despedido con la iglesia casi terminada el costo por m2 era
de 350.000.000 Ptas. : 4.145 m2 = 84.000 Ptas. aproximadamente.
Deseando que, cuanto
antes, Su Eminencia, con la ayuda de Nuestra Señora de Caná,
vea la injusticia cometida en la construcción de Su Casa
que sólo yo sigo y seguiré defendiendo, queda, como
siempre, a disposición de Su Eminencia Ilustrísima
y Reverendísima, el paciente arquitecto de Pozuelo.
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