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El Colegio de Arquitectos de Madrid ha solicitado al arzobispo Rouco Varela la «reposición» de Fernando Higueras en la dirección de las obras de la Iglesia de Santa María de Canaá, más conocida como «la catedral de Pozuelo». El arquitecto comenzó la construcción de este edificio en julio de 1997 y fue desposeído del proyecto el pasado 13 de julio, dos meses antes de concluirlo, por el párroco de esta localidad. Higueras denuncia que los que se encuentran actualmente al frente deli proyecto «están destrozando la obra».
MADRID. Miguel Oliver
xpertos en la arquitectura han calificado a este esta iglesia como "la obra maestra» del autor. Algunos, incluso, han llegado a compararla con otras obras construidas en ladrillo como la Alhambra de Granada o la Mezquita de Córdoba.
   Fernando Higueras, autor entre otros, del Centro de Restaura-ciones Artísticas de la Ciudad Universitaria en 1961, comenzó la construcción de este templo, conocido como la «catedral de Pozuelo» en julio de 1997. Ahora, a falta dos meses para la conclusión de las obras, ha sido expulsado de la dirección por parte del párroco de esta localidad, que fue quien le encargó el proyecto y que también es su sobrino.
   Según Higueras, el párroco le sustituyó de las obras porque
había sobrepasado el presu-puesto previsto. El arquitecto afirma que su sobrino conocía desde un principio el coste total de la iglesia, que estaba estipulado en 576 millones de pesetas, aunque en la ficha del proyecto entregada al Colegio de Arquitectos firmó un coste de 240 millones.
   Este periódico ha intentado, sin éxito, ponerse en contacto con el párroco de Pozuelo, así como con el alcalde de ésta localidad.
   Fernando Higueras, por su parte, afirma que los actuales responsables de la obra «están destrozando la iglesia» ya que no se ajustan al proyecto original. Aunque el templo ya está prácticamente concluido,
faltan detalles como el remate de las columnas y algunos elementos interiores.
   El autor denuncia la ilegalidad de su sustitución en la dirección técnica de la iglesia, ya que según una cláusula del encargo del proyecto, «la propiedad no podrá en ningún caso alterar o cambiar los planos del proyecto, si no es a través y con el consentimiento escrito del arquitecto autor del proyecto, que no delegará la dirección o futuras actuaciones en este edificio, salvo muerte o fuerza mayor que obligue a ello».

PARALIZAR LAS OBRAS
Higueras anunció ayer a ABC que tiene intención de parali-zar las obras, «ya que mi pro-
yecto está sufriendo variaciones respecto al original». Además, según ha podido saber ABC, una sentencia del Tribunal Profesional de Arquitectura ha ordenado que sea su autor quien concluya las obras, y ha desautorizado a la arquitecto que se encuentra al frente ellas actualmente, María Angeles Hernández-Rubio Muñoyerro.
Por este motivo, el Colegio de Arquitectos ha solicitado al Arzobispado que reponga a Higueras en la dirección, «ya que la singularidad de dicha obra y las características de su arquitectura hacen que no pueda ser dirigida por otra persona».
ACOTACION
Hay que proteger los edificios
Opinión del gerente municipal de Urbanismo de Madrid
a demolición de «La Pagoda» de Miguel Fisac ha abierto un debate sobre el hecho arquitec-tónico. La arquitectura tiene una finalidad práctica, pero cuando el arquitecto que la realiza sabe bien su oficio, la eleva a categoría de arte. Los acontecimientos recientes demuestran que los procesos administrativos no tienen alma y nos pueden llevar al error. ¿Cuándo debe estar un edificio protegido, no sólo para que no se pueda demoler, sino para que no se le someta a amputaciones tremendas que lo transformen?
Debe ser cuando el buen arquitecto concibe su obra. Este es el caso de la fantástica iglesia parroquial de Santa María de Canaá, en Pozuelo, proyectada por el genial arquitecto Fernando Higueras. Estamos ante una espléndida obra que se está malogrando en su última fase de construcción, al haberse prescindido del arquitecto que la concibió. Arquitectos como Higueras hay muy pocos y debemos ayudarle a conseguir llevar a buen puerto su obra.
Luis ARMADA