Como arquitecto y director de las obras de la parroquia de Santa María de Caná, en Pozuelo, me siento obligado a seguir mi lucha por preservar la ya inaugurada construcción de la iglesia, el pasado 11 de diciembre, con los destrozos, retrasos y encarecimientos producidos tras mi injustísima expulsión por el párroco, mi sobrino. El Ayuntamiento permitió inexplicablemente tras mis denuncias que las obras se continuaran sin arquitecto, desde el 20 del pasado julio en que el Tribunal Profesional de Arquitectos del COAM anuló por unanimidad mi sustitución, hasta después de su inauguración. Actualmente se siguen realizando obras de forma ilegal, pero esta vez además clandestinamente, con la consiguiente destrucción ya iniciada de mi propiedad intelectual. Considero lamentable que el Ayuntamiento, que regaló los terrenos y la licencia, ayudándonos generosamente tanto en sus comienzos, permita estos atropellos últimos que están llevando el final de las obras a un progresivo e im-placable deterioro, debido fundamen-talmente al deseo de protagonismo de mi sobrino de hacer de arquitecto.
    Por conocerlo demasiado bien, puedo decir que es tan buen párroco como mal arquitecto, y lo peor es que, en su ignorancia, desconoce lo que destruye y encarece, y que habrá que restaurar, pues no quiere aceptar lo de "zapatero, a tus zapatos".-- Fernando Higueras. Madrid.


Como arquitecto autor y director de las obras de la parroquia de Santa María de Canaá en Pozuelo, me siento obligado a seguir mi lucha por preservar la ya inaugurada construcción de la iglesia, el 11 de diciembre, con los destrozos, retrasos y encarecimientos producidos tras mi injusta expulsión por mi sobrino el párroco.
El Ayuntamiento permitió, tras mis denuncias, que las obras continuaran sin arquitecto, desde el 20, del pasado julio en que el Tribunal Profesional de Arquitectos del COAM anuló por unanimidad mi sustitución, hasta después de su inauguración.
Actualmente se siguen realizando obras de forma igualmente ilegal, pero esta vez además clandestinamente, con la consiguiente destrucción ya iniciada de mi propiedad intelectual. Considero lamentable que el Ayuntamiento que regaló los terrenos y la licencia, permita estos atropellos últimos que están llevando el final de las obras a un progresivo deterioro, debido fundamentalmente al irracional e inquebrantable deseo de protagonismo de mi sobrino de hacer de arquitecto.
Puedo decir que es tan buen párroco como mal arquitecto y lo peor es que en su ignorancia, desconoce lo que destruye y encarece, y que habrá que restaurar, pues no quiere aceptar lo de: «zapatero a tus zapatos». Deseo y espero que las autoridades competentes pongan fin a este estado de impune destrucción permitido por Ayuntamiento y el desinformado Arzobispado de Madrid que fue mal informado por el párroco.

Fernando Higueras
Arquitecto de Santa María de Canaá